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martes, 15 de marzo de 2011

La siempre joven María Abigail Rial.



Buscando información sobre el desarrollo del urbanismo en esta ciudad conocí a una increíble mujer. Fueron sus compañeros de trabajo los que me indicaron cómo llegar a ella y coincidieron en que quizás muchos tuvieran información del tema pero pocos la darían con tanta pasión como esta mujer.

Lo cierto es que la llamé por teléfono y puestas de acuerdo fui a su casa. Hoy sé con sobradas razones por qué Santiago de Cuba se enorgullece con tener a la única mujer que en el Oriente del país posee el Premio Nacional Vida y Obra de Arquitectura, de la Unión Nacional de Arquitectos e Ingenieros de la Construcción de Cuba, UNAICC.

María Abigail Rial es de esas personas que durante muchos años se ha afanado en contribuir al desarrollo de la sociedad cubana y siempre ha tenido la misma tenacidad para trabajar y superarse que de trasmitir sus prácticas y sapiencia a quien lo necesite y acuda a ella.

Apenas una breve charla con ella y ya uno se percata del elevado nivel de entrega a la profesión de esta santiaguera así como de sus relevantes resultados en la ejecución de proyectos, la dirección, la investigación y la docencia. Por eso fui directo al grano y me interesé por saber si se consideraba paradigma?. Fue rotunda su respuesta "no, lo que siento es que todavía puedo aportar y trato de hacerlo siempre con el máximo de amor"

Entonces me contó que antes del primero de enero de 1959 en su pueblo quien estudiaba sólo se hacía abogado, médico o farmacéutico. Que ella ni pensar en la abogacía porque tenía problemas en el habla y que en algún momento pensó en la medicina, pero que finalmente un amigo la embulló por la arquitectura "y fue lo que estudié sin saber lo que era un lápiz HB"

"Para colmo los estudios eran en La Habana, lejos de mi familia y becada como si fuera poco", refirió, "viví momentos cruciales de la historia Patria, recuerdo la primera zafra del pueblo, la voladura del buque La Coubre, el ataque mercenario por Playa Girón y el acto donde se declaró el carácter Socialista de la Revolución. Fue una época plena se emociones aún cuando la salud pretendió jugarme una mala pasada estaba en el tercer año de la carrera cuando se me presentó la espondrilatitis aquilosante, fue un reto, mis compañeros me ayudaron y terminé los estudios"

"Comenzó entonces una nueva etapa en mi vida", agregó "trabajé en la ejecución de proyectos de urbanismo y territoriales en la provincia de Matanzas, de esa época recuerdo la construcción de las vaquerías y los planes citrícolas de Jaguey Grande". En esta provincia occidental, María fue responsables de los proyectos que se ejecutaban en la ciudad, de viviendas y nuevos pueblos que surgieron por esa época.

"Lo de investigar fue por la década de los 70, cuando vine para Santiago de Cuba", puntualizó "tengo más de 10 investigaciones de diferente índole, inclusive sobre la Ciudad Primada, Baracoa"

María Abigail recuerda hoy con una mezcla de alegría y nostalgia cuando tuvo un decisivo rol en la ejecución de importantes obras en Santiago de Cuba como la Escuela Formadora de Maestros Frank País García, la Escuela de Iniciación Deportiva, la cartonera, el hospital Juan Bruno Zayas, entre otras.

Alto nivel de consagración en el desempeño de su profesión aún después de jubilada y relevantes resultados en la ejecución de proyectos tanto a pie de obra, como en la dirección, la investigación y la docencia son atributos que distinguen a María Abigail Rial, quien conserva con orgullo infinidad de reconocimientos y estímulo que ha merecido desde el mismo momento en que se decidió a estudiar arquitectura, entre ellos el Premio Nacional Vida y Obra de Arquitectura, que otorga la Unión Nacional de Arquitectos e Ingenieros de la Construcción de Cuba, UNAICC a personalidades destacadas en la profesión con aportes relevantes, contribución a la formación de las nuevas generaciones, y las distinciones recibidas.

En este Día del Arquitecto, felicito a quienes como María Abigail Rial han retomado de la mejor manera la esencia de su profesión y la vida misma.

sábado, 4 de diciembre de 2010

A quienes merecen amor.

Sólo el ajetreo de las ocho de la mañana y las cuatro de la tarde indica que algo sucede en la Avenida de Céspedes entre las calles “L” y “M” de esta urbe sur-oriental cubana.

Justo en el número 660 de la importante vía santiaguera funciona un Taller para personas con discapacidad. Lo llaman “Abel Santamaría Cuadrado”, pero todos lo conocen por el Taller de Sueño que así se llama el reparto residencial donde está ubicado.

Aquí hay silencio el mismo que pocas veces lo interrumpen la conversación o el andar de Emilito, el nieto de Margarita, una mujer entrada en años que para andar precisa de muletas.

Fundado el primero de enero de 1990 en el taller laboran 30 personas con diferentes discapacidades agrupadas en dos brigadas, una dedicada a confeccionar colchas para trapear el suelo, cepillos, sobres de pago, files y vasos desechables, entre otros artículos. Y la otra produce artículos para cumpleaños. Tanto la producción de una como de la otra, se comercializa con diferentes organismos de la provincia como Salud Pública y Educación.

Según la Administradora del taller, Yusimí Rivera Quiala, el pasado año sobrecumplieron el plan de producción y este aunque está afectado por la falta de materias primas, esperan realizarlo en los días que le quedan al 2010.

El taller Abel Santamaría de Santiago de Cuba fundado hace 20 años para personas con discapacidad es un estímulo a la tenacidad, la paciencia y al amor por la vida desde ella misma al decir de Mirayda Negret Sandó “porque aquí nos sentimos personas con limitaciones pero igual que cualquier otra de la Sociedad”.

A Margarita Borrero ir a trabajar al taller le ha permitido relacionarse, sentirse útil, hacer buenas amistades y no depender de su familia”.

La incorporación a la sociedad de personas como Margarita, Kathy y Mirayda pone a prueba la voluntad y la entereza de sus protagonistas y sobre todo, deja una profunda huella en este segmento social y en quienes laboran con ellas y ellos, según pudo comprobar esta periodista de TV Santiago en diálogo con la económica del taller Ileana Rodríguez “porque con ellos he aprendido a tener deseos de vivir”.

Yusimí la administradora me habló de la disciplina y el aprovechamiento de la jornada laboral de quienes se afanan todos los días en el taller por ser eficientes y eficaces en su desempeño. Puntualizó que hay un estrecho vínculo con la comunidad que se traduce en conferencias que han recibido acerca de temas como las infecciones de trasmisión sexual y los sismos, al tiempo que ellos engalanan el local para que los Comités de Defensa de la revolución y l Federación de Mujeres Cubanas efectúen reuniones con sus membresías.


Cuando le pregunté a Yusimí la administradora qué significaba para ella laborar con personas con discapacidades fue rápida en la respuesta estoy encantada de laborar con este colectivo, al que siento como mi familia, son parte de mí”.

Kathy, que realmente se llama Graciela, pero todos la llaman La candela por sus ocurrencias y porque siempre se está riendo me comentó “lo único que hay que quitar es un poco de barreras, pero no arquitectónicas, sino de la población, para que no dejen puertas abiertas, motos encimas de las aceras y que nos ayuden los choferes a acercar los ómnibus urbanos a los contenes para que podamos subir y bajar mejor sin peligro de caídas”.

Realmente las personas con discapacidad necesitan mucha comprensión por tener una serie de limitaciones que no significan INCAPACIDAD para adquirir conocimientos, desarrollar habilidades y mejorar su calidad de vida. En tal sentido el desarrollo humano es una prioridad y todos debemos proporcionarles esas facilidades.

Ese es uno de los propósitos de celebrar este 3 de diciembre el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, para mejorar la situación de quienes poseen alguna invalidez y fomentar su integración en la Sociedad.