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viernes, 5 de marzo de 2010

La sumisión del género, o de las mujeres?

El último día que nos reunimos en casa un grupo de amigos, escuché acerca de “la sumisión y la obediencia a que son sometidas las mujeres en muchas partes del mundo”.

Unos estuvieron de acuerdo, otros prefirieron escuchar y los menos, donde me encontraba yo, empezamos a polemizar acerca del género como fundamento de utilidad para el análisis de la condición de vida de mujeres y hombres.

Los del último grupo dejamos bien claro que desde la sociedad primitiva hasta el presente, la humanidad ha sido testigo de las más diversas manifestaciones de subordinación de las mujeres a los hombres, y éstas han andado desde las más burdas expresiones de segregación y aislamiento, hasta las formas más ladinas y cautelosas de acatamiento a los esquemas que han definido la estructura de la sociedad patriarcal.

A partir de ese punto coincidimos, que todo lo relacionado con el género, es tema recurrente desde hace ya un buen tiempo, lo mismo en círculos de amigos, medios de difusión, propaganda, etc.

Las féminas participantes en el debate dejamos bien claro que la realidad cubana actual muestra que a pesar de la creciente inserción de la mujer en los diferentes espacios de la vida social y los cambios ocurridos como consecuencia en sus identidades de género, continuamos siendo partícipes de una sociedad profundamente diferenciada, con su inevitable implicación en todos los órdenes. Una revolución social implica siempre la revolución cultural, aunque no en la misma medida y velocidad.

Pusimos ejemplos de lo que hacen tanto el movimiento feminista internacional y en el caso nuestro, la Federación de Mujeres Cubanas, FMC, en este sentido.

Para encaminar de cierta manera este debate cuyo escenario fue mi casa, le expliqué a quienes no sabían, que el género es una categoría de suma importancia, que además, facilita el análisis y la comprensión de la condición femenina y masculina, y permite explicar cómo se produce la construcción de las subjetividades atendiendo a la significación social de cada sexo, lo que se contrapone al discurso androcéntrico que ha distinguido a la ciencia durante siglos.

Una arquitecta presente en la conversación, pero defensora del tema argumentó también que los estudios de género son sometidos a reevaluaciones y cuestionamientos constantes, suscitando polémicas y generando posturas científicas muy diversas, por lo que resulta difícil plantear un sistema de conocimientos acabados en torno al tema.

La lucha por el logro de la equidad de género y el bienestar social, expresado en sus diferentes formas, constituye parte de los Objetivos de Desarrollo del Milenio que con vistas al progreso humano se aprobaron en la Cumbre del Milenio en el año 2 000, Organización de las Naciones Unidas, ONU 2003.

sábado, 16 de enero de 2010

Igualdad en la igualdad de géneros.

Durante décadas el tema de la igualdad de género ha acaparado, en numerosas ocasiones, las agendas de organizaciones sociales y distintas personalidades. A la tan mencionada y anhelada igualdad entre el hombre y la mujer, se le han dedicado esfuerzos durante ya muchas décadas con resultados tangibles, pero aún muy lejanos de las aspiraciones.
Por supuesto que Cuba no escapa a esta realidad. Y claro, la Federación de Mujeres Cubanas es protagonista en nuestro país de esta lucha por la emancipación de la mujer, así ha sido la labor de esta organización desde sus inicios.
Pero lo que resulta un tanto contradictorio es que en sectores menos populares y sí más selectos, se entienda esta igualdad de género entre el hombre y la mujer, como el derecho natural de estas últimas en relación al llamado sexo fuerte. Igualdad no biológica, claro está, sino a tener los mismos derechos en la sociedad y las mismas posibilidades de acceso a diferentes empleos, cargos públicos, en la dirección del país, etc.
¿Pero qué sucede cuando es al contrario, cuando son los hombres los que transgreden la barrera impuesta por quien sabe quién?
Ya desde la década de oro de los Beatles, los varones de cada hogar, estéticamente hablando, dejaron de parecerse tanto a sus padres con sus cortes de cabellos cortos, y lucieron el pelo largo al más puro estilo de la banda de rock inglesa.
Con excepción de una que otra cultura más antigua, el cabello largo había sido privativo de las féminas.
Precisamente, también es a finales de la década de los ´60 cuando se desarrolló en los Estados Unidos el movimiento pacifista de los hippies, que pasaron a la historia, entre otras cosas, por la capacidad movilizadora, el descuido de la imagen, y por qué no, por heredarnos esas ropas atrevidas y coloridas, desenfadadas, donde lo mismo un hombre usaba una falda, collares, y cuanto aditamento o vestimenta se le ocurriese sin importarle si su uso fuese tradicionalmente de las mujeres.
Pero actualmente no vivimos en la década de los ´60, al amparo del fenómeno cultural que fueron Los Beatles, ni en el contexto propiciado por el movimiento social pacifista de los Hippies.
Entonces, ¿qué sucede hoy día?
En el mundo del mercado, sucede algo muy llamativo: los hombres consumen igual o mayor cantidad de cosméticos y productos de belleza en general que las propias mujeres. Visitan centros especializados en tratamientos faciales, de manicure, a los estilistas, visten ropas de diseñadores exclusivos, de la misma forma que hablan de football o de electricidad, lo hacen de una obra de teatro, de decoración de casas o de arreglos florales, se quedan en casa cuidando a sus hijos, cocinan, incluso, lloran en público pues ya no esconden sus emociones…
Seguro que esta descripción coincide, para muchos, con la de los homosexuales, pues estas son algunas características que esquemáticamente le son atribuidas. Pero se equivocan, pues atrás quedó la época en que al hombre le bastaba con una crema para afeitar y una colonia.
El término metrosexual vendría a modernizar la historia de narciso, pero más allá de hombres que admiran y cuidan enfermizamente su imagen, esta palabra implica cambios en las prácticas de los hombres, tanto en el área física, como en las costumbres.
Los metrosexuales son hombres de orientación heterosexual que no temen a los estigmas sociales: cuidan su imagen al igual que lo haría una mujer, no reprimen sus emociones y se interesan por temas tradicionalmente atribuidos a las mujeres. Por ello, aunque lo parezca, nada tiene que ver con una orientación sexual, aunque en ocasiones sufren el mismo desprecio que los homosexuales.
El concepto “metrosexual” fue empleado por primera vez por el periodista Mark Simpson, y se refiere al hombre generalmente joven, que vive en las metrópolis y goza de una vida sofisticada que le proporciona el dinero.
El hombre metrosexual no viene a ser un “nuevo” tipo de hombre, sino que es producto de las campañas publicitarias y de los modelos de belleza impuestos por los medios de comunicación. En ello influyen algunos iconos a nivel mundial: futbolistas como David Bekham o actores de Hollywood como Brad Pitt.
En Cuba no existan campañas publicitarias dirigidas a potenciar el consumo de productos de belleza por parte del segmento más joven de la población masculina. De hecho, salvo cremas para afeitar o maquinillas, resulta imposible encontrar siquiera una campaña que promocione al menos un champú dirigido para los hombres.
Pero ello no impide para nada el florecimiento en los jóvenes cubanos del deseo de consumir estos productos. En ello influyen la imagen que transmiten nuestros medios nacionales de actores y cantantes cubanos e internacionales.
El fenómeno del hombre metrosexual existe en Cuba. De la misma forma que vive el reproche por la introducción por parte del hombre de roles tradicionalmente asignados a la mujer. Y por ello se les tilda de homosexuales, con la discriminación que acarrea.
Si se habla de igualdad de géneros, ¿no habría entonces que redimensionar el término y respetar también al hombre cuando transgrede las barreras, pero hacia el otro lado?. Qué opina Usted?.