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viernes, 5 de marzo de 2010

La sumisión del género, o de las mujeres?

El último día que nos reunimos en casa un grupo de amigos, escuché acerca de “la sumisión y la obediencia a que son sometidas las mujeres en muchas partes del mundo”.

Unos estuvieron de acuerdo, otros prefirieron escuchar y los menos, donde me encontraba yo, empezamos a polemizar acerca del género como fundamento de utilidad para el análisis de la condición de vida de mujeres y hombres.

Los del último grupo dejamos bien claro que desde la sociedad primitiva hasta el presente, la humanidad ha sido testigo de las más diversas manifestaciones de subordinación de las mujeres a los hombres, y éstas han andado desde las más burdas expresiones de segregación y aislamiento, hasta las formas más ladinas y cautelosas de acatamiento a los esquemas que han definido la estructura de la sociedad patriarcal.

A partir de ese punto coincidimos, que todo lo relacionado con el género, es tema recurrente desde hace ya un buen tiempo, lo mismo en círculos de amigos, medios de difusión, propaganda, etc.

Las féminas participantes en el debate dejamos bien claro que la realidad cubana actual muestra que a pesar de la creciente inserción de la mujer en los diferentes espacios de la vida social y los cambios ocurridos como consecuencia en sus identidades de género, continuamos siendo partícipes de una sociedad profundamente diferenciada, con su inevitable implicación en todos los órdenes. Una revolución social implica siempre la revolución cultural, aunque no en la misma medida y velocidad.

Pusimos ejemplos de lo que hacen tanto el movimiento feminista internacional y en el caso nuestro, la Federación de Mujeres Cubanas, FMC, en este sentido.

Para encaminar de cierta manera este debate cuyo escenario fue mi casa, le expliqué a quienes no sabían, que el género es una categoría de suma importancia, que además, facilita el análisis y la comprensión de la condición femenina y masculina, y permite explicar cómo se produce la construcción de las subjetividades atendiendo a la significación social de cada sexo, lo que se contrapone al discurso androcéntrico que ha distinguido a la ciencia durante siglos.

Una arquitecta presente en la conversación, pero defensora del tema argumentó también que los estudios de género son sometidos a reevaluaciones y cuestionamientos constantes, suscitando polémicas y generando posturas científicas muy diversas, por lo que resulta difícil plantear un sistema de conocimientos acabados en torno al tema.

La lucha por el logro de la equidad de género y el bienestar social, expresado en sus diferentes formas, constituye parte de los Objetivos de Desarrollo del Milenio que con vistas al progreso humano se aprobaron en la Cumbre del Milenio en el año 2 000, Organización de las Naciones Unidas, ONU 2003.

viernes, 29 de enero de 2010

El ¿estigma? de la retransmisión en Cuba



Otra vez retransmiten una telenovela cubana. Soy de las personas que le encantan los dramatizados cubanos, aún cuando no pueden competir en calidad desde el punto de vista de realización con dramatizados extranjeros.

Es cierto que las telenovelas brasileñas son “galletazos” visuales. Y a decir verdad tienen de donde escoger: una selva envidiable, una ciudad como Río de Janeiro regala unos paisajes urbanos exquisitos, y unas playas que no se quedan atrás. Pero esa es la realidad, o al menos una parte de ella, de los brasileños. No es la mía.

Y por el otro lado están los audiovisuales norteamericanos, que han llegado a la televisión cubana y se han apoderado del horario de la madrugada. Ojo, que se transmiten en la madrugada aún cuando en su mayoría son de estreno en los canales de televisión cubanos ¿…?

Con el propósito de transmitir en Cuba no uno, sino dos canales de televisión las 24 horas hemos tenido que introducir la dinámica de las retransmisiones. Claro que tiene sus ventajas, es la posibilidad de recordar algunos materiales, actores, problemáticas sociales e incluso épocas pasadas. Pero requiere de mucho cuidado lo que retransmitimos, y más importante aún, cuando retransmitimos.

El estudio de los consumos culturales en Cuba demuestra que vivimos en una sociedad atípica. Muchas veces regimos nuestros horarios por el itinerario de nuestros canales.

En numerosos hogares cubanos el horario de la telenovela, cubana o extranjera indistintamente, representa un punto de giro en la dramaturgia del desarrollo cotidiano de cada hogar. Antes, es el momento del baño, las tareas de los muchachos y la comida; después, el horario del descanso, del sueño o de la salida nocturna.
El horario de la telenovela, es sagrado. Es por ello que muchos lo esperan con ansias de ver el siguiente capítulo de nuestro culebrón favorito, especialmente cuando es de estreno, lo que no sucede actualmente muy a menudo con las producciones nacionales. Hemos caído en un ciclo ¿interminable? de retransmisiones.

Recientemente fue retransmitida el serial policíaco “Su Propia Guerra”, y para el asombro de no pocos alcanzó niveles de teleaudiencia comparables con los obtenidos en su estreno. Pero es que los cubanos sufrimos, una y dos veces, con el tabo y todos sus avatares. Y estoy segura que algunos estarían dispuesto dentro de algún tiempo, de sufrir por tercera vez con Su Propia Guerra.



¿Y sucede lo mismo con el Balcón de los Helechos?

Sin dudas que sus pretensiones fueron muy grandes, pero igualmente el abordaje fue un tanto superficial: la historia del lesbianismo –desterrada de la televisión cubana, y recuerdo los cortes que sufrió la historia de la pareja de lesbianas en La Señora del Destino-, la aún meramente descriptivas historias de las drogas y los jóvenes, la relación entre personas de diferentes procedencias sociales y edades…

Muchos coinciden en que lo más sobresaliente fue la actuación de Susana Pérez. Soberbia y extremadamente natural fue el desdoblaje que experimentó para traernos a la pantalla un personaje con el que todos gozamos y con el cual muchas se identificaron, y hasta imitaron, ¿no es verdad esta tu niña?



La actuación de Susana Pérez fue tan abrumadoramente absorbente que historias complejas e importantes de la telenovela pasaron con más penas que glorias. Nuevamente el amor homosexual entre mujeres sufrió la superficialidad del audiovisual cubano, la historia de la pareja alcohólica no traspasó la mera barrera de algunas consecuencias de la adicción, sin adentrarse mucho en las transformaciones psicosociales que atraviesan los individuos.

La telenovela cubana El Balcón de los Helechos si bien hizo disfrutar de la problemática del “Profesor” Perdomo y su problema con los “hielitos” (impotencia sexual), y las artes de la “Licenciada Verónica”, también reforzó algunas conductas un tanto machistas. Las mujeres buenas se quedan en la casa, mientras las más… coquetas se llevan el gato al agua. Aunque hay que reconocer que muchas veces es así.

Lo que más me desagradó confieso que fue el final, la mujer buena, la que no quería hacer el amor en el balcón de helechos, ¿tenía que necesariamente hacerlo al final? ¿Es esa la imagen que querían transmitirnos, que la mujer debía de cambiar todo su sistema de creencias para estar con el hombre que quería?

Hay que reconocerle que la telenovela El Balcón de los Helecho fue un importante paso en el audiovisual cubano en cuanto a que pretende acercarse aún más a las problemáticas de los cubanos actuales. Un intento, que como los que le sucedieron y los que vendrán, acarrearán polémicas y debates en cuanto al tratamiento de los temas, las formas de realización, y otras muchas más, que sin lugar a dudas, evidencian un esfuerzo sincero de la Televisión cubana.

miércoles, 27 de enero de 2010

Mi amiga es golpeada




En una interesante página referida a la violencia de género, me encontré el siguiente perturbador y alarmante mensaje: “Cada 18 segundos una mujer es maltratada en algún lugar del mundo”

Nunca imaginé que iba a ver a una amiga mía con un ojo morado. Por un momento pensé que solo servía de argumento para que Maité Vera o Xiomara Blanco escribiera una novela que tratara la familia cubana y sus problemáticas.

Pero sí, hace solo dos días que tocó a mi puerta. Y juro que no fue solo por el color morado del golpe el que me hizo sentir que había un problema, sino que en su cara, sus ojos adornados ya por el moretón, reflejaban la tristeza de una mujer que acababa de ser maltratada. Esa tristeza, y arriesgándome a pecar de feminista, pero hay que ser mujer para entender ese tipo de dolor.

¡Me caí cuando bajaba las escaleras! Esa fue la explicación que me dijo. Por favor, no es solo un insulto a nuestra amistad y a mi inteligencia, además de las novelas, ¿ese tipo de justificación le resulta creíble a alguien?

No me las doy de ser una mujer extremadamente liberal, pero si alguna vez me pasara, y espero sinceramente que no, nunca podría usar esos recursos efectivos solo en las novelas. Tras conversar un rato, llegó a abrirse conmigo y me lo confesó todo.
Era la primera vez que la golpeaba, y que él le había prometido no hacerlo nunca más, que atravesaba por un mal momento con sus padres, en el trabajo… vaya, una escena que realmente me resultaba conocida.

Y mientras más hablaba, más veía las secuelas del “desliz” provocado por un mal momento. Imagínese usted que todos atravesáramos por un mal momento y descargáramos la rabia con los que están al lado. Que quedaría de nuestra pobre y ya maltratada humanidad.

Y lo que más me molestaba es que a pesar de todo, siguiera buscando justificaciones para su conducta violenta, todavía hoy me pregunto en qué casos se justifica que un hombre golpee a una mujer…

La violencia intrafamiliar no es un fenómeno ajeno a Cuba. No cree en nivel intelectual, en color de piel, status social o credo religioso. Puede parasitar cualquier hogar, comunidad o grupo social y manifestarse de muchas formas.

La Organización Mundial para la Salud (OMS) define la violencia: “el uso intencional de la fuerza o el poder físico, de hecho o como amenaza contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muertes, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones”.
Puede ser de índole física, psicológica, sexual, y está relacionada con los comportamientos dominantes, de unos hacia otros. Este tipo de violencia en la familia es también llamada “violencia doméstica”.

El problema de la violencia está en su reconocimiento. Es el de hacer un alto en nuestras vidas y decir, ¿por qué tengo que aguantar que me maltraten, en alguna ocasión le di yo el derecho a alguien a que me maltratara?

Independientemente de la sociedad, la labor de las instituciones y la influencia de los medios de comunicación, no cabe dudas que es en la familia donde se siembran los gérmenes de los golpes del mañana.

Recuerdo como el abuelo de un amigo de mi hijo, le enseñaba la importancia a su nieto de ser el primero en dar un golpe en cualquier disputa. Si el contrincante era mayor en corpulencia dar el primer golpe más que una opción era un imperativo, lo mismo era defenderse con piedras o palos. Y que nunca se dejara meter por una mujer, que era lo peor que le podría pasar a un varón. Que le metiera, más suave, pero que le metiera. ¡Y casi vomito de solo recordar!

Más que una persona apta para defenderse en el mundo, lo que estaba inculcándole a su nieto la personalidad de un hombre machista y abusador en potencia. El tiempo no lo quiso así, y hoy por hoy, es un gran amigo de mi hijo y excelente persona en su familia. Gracias a Dios.

El dolor físico pasa, y aunque las cicatrices quedan, las heridas siempre sanan. ¿Y la moral, la vergüenza? ¿También sanan?

Mi amiga tiene miedo de ir a su casa. Ruega porque le vaya bien a su marido en el trabajo y que nunca más tenga problemas. Vive la incertidumbre de los que esperan lo peor en cualquier momento.

Siente miedo de demorarse en su trabajo, de ir a casa de una amiga e incluso de pintarse los labios no vaya a ser que sean los causantes de cualquier pelea que genere una golpiza.

En Cuba existe la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) que sin lugar a dudas tiene dentro de sus principales funciones la defensa de los derechos de la mujer. Activamente lucha por la concientización dentro de sus afiliadas y comunidad en general sobre los peligros que entraña la violencia hacia cualquier miembro de la familia.

La Federación de Mujeres Cubanas tiene gran importancia en el proceso de orientar a mujeres que han sido objeto de cualquier tipo de agresión, formando equipos multidisciplinarios con abogados, psicólogos y otros especialistas en la Casa de
Orientación a la Mujer y a la Familia.

Muchas de las ideas entorno al desenvolvimiento de la mujer en la sociedad cubana, se encuentran plasmadas en la Revista Mujeres.

La directora de la Revista Mujeres, Isabel Moya, en entrevista publicada por el sitio de la Televisión Cubana se refirió que hasta hace unos años el tratamiento en Cuba de la violencia de género por los medios audiovisuales resultaba casi nulo. En mi opinión es aún una tarea pendiente por los realizadores cubanos.

Muy a mi pesar no logré convencer a esa amiga de ir a consultar a un especialista. Ese es un fracaso mío y de ella por el desconocimiento y por la cobardía.
Aún llega a su casa con miedo y toparse cara a cara con la violencia. Yo solo la escucho pero nada más puedo hacer en tanto no se llene de valor y de el primer paso sola.

martes, 19 de enero de 2010

Ayudar o Compartir: esa es la cuestión

“Mi esposo me ayuda a cocinar”, “mi hijo nunca quiere limpiar”, “pues a mí, tanto mi hijo como mi esposo me ayudan con los quehaceres de la casa”. Estos, entre otros, son comentarios habituales en conversaciones entre amigas, vecinas y compañeras de trabajo.

Qué pena me dan estas mujeres que así se expresan. Es que acaso no saben que NO se trata de ayudar SINO de compartir. Que en el hogar tanto derecho y deber tiene uno como otro, y entiéndase bien, que no sólo se trata de la pareja sino de los hijos sean del género que sean.

Según el DRAE la palabra ayudar (Del lat. adiutāre), tiene entre sus acepciones la de: 1. Prestar cooperación 2. Valerse de la cooperación o ayuda de alguien.
Sin embargo lo más importante es lo que subyace a dichas expresiones desde lo socialmente asignado a mujeres y hombres:
Mujeres = dueñas de lo privado
Hombre = hechos para el espacio público

Lo cual ocurre aún cuando en nuestros tiempos las mujeres cuenten con una importante presencia en la vida laboral y social y los hombres participen mucho más de lo doméstico y sobre todo del cuidado de los niños(as)

En las sociedades patriarcales (como la nuestra) y según las asignaciones tradicionales, la mujer está hecha para lo privado y esta es su área de expresión y realización por excelencia, de manera que es su responsabilidad velar por la realización de las labores domésticas y el cuidado de los niños, incluso se naturaliza su participación y habilidad para las mismas, como si les fueran dadas “por naturaleza”, o fueran “condiciones biológicamente dadas”, así escuchamos a muchas decir “es que los hombres no saben hacer nada”, “prefiero hacerlo yo y que quede bien”, sin percatarse de que es cuestión de entrenamiento cotidiano, para el cual desde los primeros años de vida se instruye a las mujeres al darle para jugar muñecas, juegos de cocinitas…

Al ser lo doméstico un espacio que compartimos y cuyas tareas resultan imprescindible desarrollar, aunque sean muchas veces monótonas y agotadoras (toda vez que hay que realizarlas luego de la jornada laboral), pensemos en que son todos los miembros de la familia responsables de las mismas, por tanto no se trata de que “ayudemos” a las mujeres a hacerlas, sino de que las compartamos, colaboremos o cooperemos de igual manera en su realización.

Según el DRAE Compartir (Del lat. compartīri) significa: 1. Repartir, dividir, distribuir algo en partes 2. Participar en algo. Colaborar (Del lat. collaborāre) se refiere a: 1. Trabajar con otra u otras personas en la realización de una obra 2. Contribuir con otros al logro de un fin; y Cooperar (Del lat. cooperāri) alude a:

1. Obrar juntamente con otro u otros para un mismo fin.
Las tareas domésticas resultan un trabajo no remunerado, para el cual no fue nadie legalmente contratado, entonces compartámoslas.
La familia es la institución primaria de socialización, en tanto el primer grupo social de inserción, los patrones allí aprendidos son trasladados a otros espacios y grupos, y aunque estos también influyen en la conformación de los mismos y a través de su influencia pueden ser modificados, no deja de ser la familia el medio esencial de socialización. Es por ello que proveer y exigir patrones no sexistas a nuestros hijos, garantiza en alguna medida el cambio de los comportamientos que trasladaran a sus futuras familias, y con ello la transformación de muchos prejuicios y tabúes.

La masculinidad, así como la feminidad, debiera no definirse por el tipo de actividades que desarrollen hombres y mujeres, sino por la cantidad, variedad y calidad de las acciones que emprendan cada uno de ellos a favor de la sociedad y de cada una de sus instituciones socializadoras, entre las que la familia cobra particular importancia. Todo ello, en definitiva, nos hace más humanos.

Una dinámica familiar basada en cuestiones como estas, se ha comprobado por los especialistas en el tema, que redunda en una mayor calidad de vida de la familia, en más altos niveles de salud física y psicológica de cada uno de sus miembros, en mayores niveles de comunicación y códigos comunes entre los mismos y de preparación para la vida y autonomía, independientemente del género. Se logra además mayor eficacia y eficiencia en el desarrollo del trabajo doméstico y por tanto más tiempo para la realización de otras actividades (recreativas o de otro tipo) que cada familia elija.

sábado, 16 de enero de 2010

Igualdad en la igualdad de géneros.

Durante décadas el tema de la igualdad de género ha acaparado, en numerosas ocasiones, las agendas de organizaciones sociales y distintas personalidades. A la tan mencionada y anhelada igualdad entre el hombre y la mujer, se le han dedicado esfuerzos durante ya muchas décadas con resultados tangibles, pero aún muy lejanos de las aspiraciones.
Por supuesto que Cuba no escapa a esta realidad. Y claro, la Federación de Mujeres Cubanas es protagonista en nuestro país de esta lucha por la emancipación de la mujer, así ha sido la labor de esta organización desde sus inicios.
Pero lo que resulta un tanto contradictorio es que en sectores menos populares y sí más selectos, se entienda esta igualdad de género entre el hombre y la mujer, como el derecho natural de estas últimas en relación al llamado sexo fuerte. Igualdad no biológica, claro está, sino a tener los mismos derechos en la sociedad y las mismas posibilidades de acceso a diferentes empleos, cargos públicos, en la dirección del país, etc.
¿Pero qué sucede cuando es al contrario, cuando son los hombres los que transgreden la barrera impuesta por quien sabe quién?
Ya desde la década de oro de los Beatles, los varones de cada hogar, estéticamente hablando, dejaron de parecerse tanto a sus padres con sus cortes de cabellos cortos, y lucieron el pelo largo al más puro estilo de la banda de rock inglesa.
Con excepción de una que otra cultura más antigua, el cabello largo había sido privativo de las féminas.
Precisamente, también es a finales de la década de los ´60 cuando se desarrolló en los Estados Unidos el movimiento pacifista de los hippies, que pasaron a la historia, entre otras cosas, por la capacidad movilizadora, el descuido de la imagen, y por qué no, por heredarnos esas ropas atrevidas y coloridas, desenfadadas, donde lo mismo un hombre usaba una falda, collares, y cuanto aditamento o vestimenta se le ocurriese sin importarle si su uso fuese tradicionalmente de las mujeres.
Pero actualmente no vivimos en la década de los ´60, al amparo del fenómeno cultural que fueron Los Beatles, ni en el contexto propiciado por el movimiento social pacifista de los Hippies.
Entonces, ¿qué sucede hoy día?
En el mundo del mercado, sucede algo muy llamativo: los hombres consumen igual o mayor cantidad de cosméticos y productos de belleza en general que las propias mujeres. Visitan centros especializados en tratamientos faciales, de manicure, a los estilistas, visten ropas de diseñadores exclusivos, de la misma forma que hablan de football o de electricidad, lo hacen de una obra de teatro, de decoración de casas o de arreglos florales, se quedan en casa cuidando a sus hijos, cocinan, incluso, lloran en público pues ya no esconden sus emociones…
Seguro que esta descripción coincide, para muchos, con la de los homosexuales, pues estas son algunas características que esquemáticamente le son atribuidas. Pero se equivocan, pues atrás quedó la época en que al hombre le bastaba con una crema para afeitar y una colonia.
El término metrosexual vendría a modernizar la historia de narciso, pero más allá de hombres que admiran y cuidan enfermizamente su imagen, esta palabra implica cambios en las prácticas de los hombres, tanto en el área física, como en las costumbres.
Los metrosexuales son hombres de orientación heterosexual que no temen a los estigmas sociales: cuidan su imagen al igual que lo haría una mujer, no reprimen sus emociones y se interesan por temas tradicionalmente atribuidos a las mujeres. Por ello, aunque lo parezca, nada tiene que ver con una orientación sexual, aunque en ocasiones sufren el mismo desprecio que los homosexuales.
El concepto “metrosexual” fue empleado por primera vez por el periodista Mark Simpson, y se refiere al hombre generalmente joven, que vive en las metrópolis y goza de una vida sofisticada que le proporciona el dinero.
El hombre metrosexual no viene a ser un “nuevo” tipo de hombre, sino que es producto de las campañas publicitarias y de los modelos de belleza impuestos por los medios de comunicación. En ello influyen algunos iconos a nivel mundial: futbolistas como David Bekham o actores de Hollywood como Brad Pitt.
En Cuba no existan campañas publicitarias dirigidas a potenciar el consumo de productos de belleza por parte del segmento más joven de la población masculina. De hecho, salvo cremas para afeitar o maquinillas, resulta imposible encontrar siquiera una campaña que promocione al menos un champú dirigido para los hombres.
Pero ello no impide para nada el florecimiento en los jóvenes cubanos del deseo de consumir estos productos. En ello influyen la imagen que transmiten nuestros medios nacionales de actores y cantantes cubanos e internacionales.
El fenómeno del hombre metrosexual existe en Cuba. De la misma forma que vive el reproche por la introducción por parte del hombre de roles tradicionalmente asignados a la mujer. Y por ello se les tilda de homosexuales, con la discriminación que acarrea.
Si se habla de igualdad de géneros, ¿no habría entonces que redimensionar el término y respetar también al hombre cuando transgrede las barreras, pero hacia el otro lado?. Qué opina Usted?.

sábado, 9 de enero de 2010

El género sobre el tapete

El último día que nos reunimos en casa un grupo de amigos, escuché acerca de “la sumisión y la obediencia a que son sometidas las mujeres en muchas partes del mundo”.

Unos estuvieron de acuerdo, otros prefirieron escuchar y los menos, donde me encontraba yo, empezamos a polemizar acerca del género como fundamento de utilidad para el análisis de la condición de vida de mujeres y hombres.

Los del último grupo dejamos bien claro que desde la sociedad primitiva hasta el presente, la humanidad ha sido testigo de las más diversas manifestaciones de subordinación de las mujeres a los hombres, y éstas han andado desde las más burdas expresiones de segregación y aislamiento, hasta las formas más ladinas y cautelosas de acatamiento a los esquemas que han definido la estructura de la sociedad patriarcal.

A partir de ese punto coincidimos, que todo lo relacionado con el género, es tema recurrente desde hace ya un buen tiempo, lo mismo en círculos de amigos, medios de difusión, propaganda, etc.

Las féminas participantes en el debate dejamos bien claro que la realidad cubana actual muestra que a pesar de la creciente inserción de la mujer en los diferentes espacios de la vida social y los cambios ocurridos como consecuencia en sus identidades de género, continuamos siendo partícipes de una sociedad profundamente diferenciada, con su inevitable implicación en todos los órdenes. Una revolución social implica siempre la revolución cultural, aunque no en la misma medida y velocidad.

Pusimos ejemplos de lo que hacen tanto el movimiento feminista internacional y en el caso nuestro, la Federación de Mujeres Cubanas, FMC, en este sentido.

Para encaminar de cierta manera este debate cuyo escenario fue mi casa, le expliqué a quienes no sabían, que el género es una categoría de suma importancia, que además, facilita el análisis y la comprensión de la condición femenina y masculina, y permite explicar cómo se produce la construcción de las subjetividades atendiendo a la significación social de cada sexo, lo que se contrapone al discurso androcéntrico que ha distinguido a la ciencia durante siglos.

Una arquitecta presente en la conversación, pero defensora del tema argumentó también que los estudios de género son sometidos a reevaluaciones y cuestionamientos constantes, suscitando polémicas y generando posturas científicas muy diversas, por lo que resulta difícil plantear un sistema de conocimientos acabados en torno al tema.

La lucha por el logro de la equidad de género y el bienestar social, expresado en sus diferentes formas, constituye parte de los Objetivos de Desarrollo del Milenio que con vistas al progreso humano se aprobaron en la Cumbre del Milenio en el año 2 000, Organización de las Naciones Unidas, ONU 2003.

Rosado o azul?



Me encontraba en casa de mis padres cuando mi sobrina, que está embarazada, llegó llorando.

Alarmados le preguntamos la causa de su lamento si el médico le acababa de confirmar que todo estaba correcto para su tiempo de gestación.

Cuál es el problema entonces?, la interrogamos.
Para sorpresa nuestra la respuesta fue “se había ilusionado con tener una niña” y el médico le acabada de dar la noticia de que traía un varón.

Más inquietos todavía quedamos los que nos encontrábamos en la casa. Fue entonces que aclaró la duda “todo, absolutamente todo lo que tenía comprado era rosado”.

Hasta nuestros días llega la tradición de que ese color identifica a las niñas y el azul a los varones. Y eso, al decir de los Psicólogos, se basa en los estereotipos dominantes sobre lo que es apropiado e inapropiado para reconocer el sexo de los recién nacidos.

De modo tal que si uno se desvía de lo que muchos consideran una usanza “razonable” “bonita” “tradicional” “lógica”, pues el nuevo ser verá afectado ya desde ese momento, su identidad femenina o masculina.

Por ello modificar las normativas y los paradigmas constituye un empeño necesario para quienes intentan alcanzar posiciones de equidad. NO obstante, resulta interesante también, transformar otro conjunto de condiciones, como la subjetividad de quienes sustentan dichas posiciones y por tanto, de las identidades de género en las que se manifiestan.

La realidad actual, por lo menos la cubana, muestra que a pesar de los esfuerzos en la educación desde las edades tempranas y la divulgación continuamos siendo partícipes de una sociedad profundamente diferenciada, con su inevitable implicación en todos los órdenes que va mucho más allá del simple color rosado para las niñas y el azul para los varones.

El asunto del rosado o el azul es mucho más complejo, a nivel de lo identitario refuerza todo un sistema de expectativas, costumbres, mitos y estereotipos, que se construyen socialmente y se asignan a hembras y varones de manera diferenciada y dicotómica.

Más tarde se les enseña que los niños no lloran y que no juegan con muñecas (quizás por eso años después, una vez padres, no saben qué hacer con un bebé, ni cómo cargarlos, bañarlos, darles la comida o cambiarles el culero). También se les guía a darles la mano a los varones y besitos a las niñas, por eso no besan a sus a sus papás….
se les dan para jugar pistolas, carros, espadas y se les incita aún sin proponérselo y muy sutilmente, a la violencia y luego se les reclama por esos comportamientos.

En cambio a las niñas se les educa desde las primeras edades y a partir del rosado la ternura, la pasividad, se les enseña a “ser madres” y “amas de casa”, al entregarles muchas muñecas y cazuelitas. Se les prepara para ser recatadas y tolerantes. No obstante, aunque muchos(as) critican a aquellas niñas que andan jugando “juegos de varones”, este comportamiento es más aceptado que el de los niños que intentan insertarse en los “juegos de niñas”. Según los especialistas la masculinidad se construye mucho más rígidamente que la feminidad.

Luego como esposas, generalmente se demanda la colaboración los esposos en las labores domésticas y educación de los hijos(as) de manera importante y se juzga su incapacidad.

Solo pensemos una vez más si educamos a nuestros hijos(as) bajo estos principios de coparticipación y equidad, ¿los formamos como personas aptas para enfrentar la vida tal como se presente? ¿educamos a nuestras niñas para realizar labores que demanden fuerza física? ¿educamos a nuestros hijos para la domesticidad?.

En fin que más que rosado o azul, deberíamos comenzar a pensar en que es importante llevar por dentro un poco de ambos colores.