Nuevos blogs de Santiago de Cuba

Santiago de Cuba tiene nuevos blogs 2en1 y 2paratodos

.

.
de la alpinia y otras malas hierbas
Mostrando entradas con la etiqueta valores. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta valores. Mostrar todas las entradas

miércoles, 27 de enero de 2010

Yo tengo más que el leopardo.

El 28 de enero no es para mí un día cualquiera. Como cubana que crecí con los preceptos del Maestro, este 28 de enero dedico unas horas a reflexionar si en el actuar y pensar sigo lo que plantea José Martí en cada una de sus obras acerca de los valores.

Una amiga me comentaba hace unos días que ella nunca reaccionaría ante situaciones de la vida en la forma que lo hago. Y no es que me crea perfecta, porque considero que la perfección no existe al contrario pero soy partidaria del amor, la verdad, de ayudar a quien lo necesite, estoy dispuesta a educar y a ser educada, pobre aquel que piense que lo sabe todo, especialmente en estos tiempos en que el desarrollo económico y tecnológico y las guerras atentan contra el entendimiento entre los hombres.


Por eso es que tengo en muy alta estima a ese hombre que llamamos Maestro, Apóstol y que con mucha justicia se considera el más universal de todos los cubanos.

Mi padre, que por cierto se llamaba José, como Martí, nació un 28 de enero y aunque distante en tiempo también significó mucho para mí. Ya no está entre nosotros desde hace 3 años pero todo lo que me enseñó lo llevo conmigo como mis espejuelos, la ropa, los conceptos… y lo aplico en mi día a día, en el trabajo, la calle, la casa, con mis compañeros de trabajo, familiares y conocidos.


El pensamiento martiano se transmite de generación en generación, por eso lo que mi padre aprendió de los suyos y nos transmitió ahora me corresponde a mí con mi hijo y así sucesivamente.


Por eso es que parafraseando el verso de Martí, yo tengo más que el leopardo, porque lo tuve a él y a mi progenitor, a los que recuerdo especialmente cada 28 de enero en que llegaron almundo para dejar una huella de inmenso amor.

domingo, 3 de enero de 2010

El difícil arte de decir NO

Ahora se mudó un cantante a mi barrio y piensa hacer de nuestro vecindario su auditorio. No sé si vivo en una plaza pública, en un teatro o en un cabaret.
Todo comenzó el día que arribaron con sus pertenencias. Para asombro y constipación de todos, el primer camión era el que cargaba el armamento y las municiones: tumbadoras, timbales, guitarras, trompetas… y un largo etcétera de artillería musical pesada.
Esa era la señal que vaticinaba problemas entre los vecinos de mi hasta entonces pacífico barrio.
Confieso que cuando se iniciaron los asaltos, no me molestó tanto ni el volumen del sonido ni la selección musical, ni Celine Dion ni Miriam Hernández eran buenas armas para sacarme de quicio.
Pero la cosa se puso seria cuando sacaron los cañones de alto calibre. Y no es que la timba no sea un género muy cubanísimo y de alta factura, pero a las 7 y media de la mañana, ni Vivaldi con su primavera hubiese sido de mi agrado. Muy mala actitud para empezar el día.
Las primeras ideas que me pasaron por la cabeza realmente no eran tampoco muy loables. Primero pensé en el contraataque: un buen coctelito de heavy metal podría ser la solución, una mezcla de Marilyn Manson con Rob Zombie y con el perdón de los clásicos del rock, pero estos eran los que tenían los decibeles necesarios para la ocasión.
Solo faltaba enfilar los bafles y voilá, o al menos eso pensaba yo. Realmente no fue mi gran humanismo el que me persuadió de mi musical idea. La decepción llegó cuando escuché los primeros acordes de la música de Baby Lores, y es que resulta muy difícil equiparar ese tipo de agresión.
La segunda opción no resultó ser mejor. Haciendo un gran esfuerzo, pensé en la posibilidad de trepar por los techos y barandas hasta llegar al dichoso aparato y desbaratarlo a patadas y puñetazos cual si fuese una película de karate. Pero recordé que ni me gustan los malabares circenses ni los filmes de artes marciales.
Recordé entonces que cuando estudiaba en la facultad un principio básico dentro de la comunicación organizacional era la negociación. Llegó la hora de utilizar la labia que por varios años he perfeccionado en mis incontables años ejerciendo la profesión de periodista.
En Cuba, quizás por la necesidad histórica que ha representado la unidad de sus pobladores o por un reforzamiento del sentimiento gregario, la verdad es que en nuestro país los vecinos juegan un rol esencial en el desarrollo de la sociedad. Esa es la piedra fundamental sobre la cual se erige un invento puramente cubano: los CDR.
En no pocas ocasiones son los vecinos los que en situaciones de emergencia o de catástrofe han estado allí donde la familia no ha podido llegar. Así que decidí darle una oportunidad al lenguaje y tratar de comunicar mis desavenencias con mis hermanos vecinos.
Primero lo básico, las reglas básicas para una satisfactoria negociación.
- El que más grita no es necesariamente el que tenga la razón, hay que dejar hablar las personas, pues mientras se habla, no escucha. La naturaleza nos dio una lengua y dos oídos, es por ello que se debe escuchar más de los que se habla.
- Los gritos vienen de la cólera, de ahí que se hace necesario mantener los humos, porque la cólera obscurece el razonamiento. Cuantas veces no hemos expresado sentimientos e ideas que realmente no sentimos, y que han mellado relaciones.
- Escoja el escenario, elimine, siempre que pueda, todo tipo de distracciones. El hombre hizo ciencia cuando tuvo el estómago lleno, los mejores razonamientos, vienen de las mejores sillas.
- La negociación es un diálogo, y todo diálogo necesita al menos de dos partes que se comuniquen. Y una buena comunicación necesita de dos personajes que entiendan cada uno las razones del otro. No se trata de tolerancia, pues requeriría de cierta jerarquía. Lo que se busca es aceptación, de unos a otros, con sus defectos y virtudes.
- Persuada al otro con argumentos para convencerlo, siempre a sabiendas de que nadie posee la verdad absoluta. Proponga soluciones respetando las diferencias. Establezca y priorice los rasgos comunes y trabaje en la solución de las diferencias.
Yo aún no he conversado con mis vecinos pero pronto lo haré. Estoy segura que teniendo en cuenta estos consejos lograré buenos resultados en pos de un entendimiento.
Pero también estoy segura de algo más. Estos principios básicos de la negociación, pueden ser aplicados en todas las aristas de la vida: en el trabajo, en la familia, en la pareja, y claro está, con los vecinos.

Dónde está mi caballero galante…

Confieso que reí el día en que escuché una conversación entre dos pequeños sobrinos míos, uno de siete y el otro de cuatro años. Hablaban de lo que tenía que hacer uno de ellos, el mayor, para enamorar a una muchacha.
Extrañados e incrédulos fueron sus miradas cuando le sugerí que le regalara una flor, que compartiera su merienda a la hora del recreo, o que simplemente le tomara de la mano y que le dijera lo linda que había ido a la escuela ese día.
Para mi sorpresa y primero diversión, me respondieron que de eso nada, que lo que había era que darle un beso en la boca, y que lo de las flores, eso era una guanajería.
Digo que primero fue muy divertido, porque me sorprendió el carácter práctico de su respuesta, más común en una persona de otra edad. Pero que habría de esperarse de un niño, fuente fidedigna y de sinceridad pura, y si además es de un niño cubano, un toque de picardía y de maldad sana no faltaría en sus respuestas.
Pero luego llegó la reflexión: ¿es que acaso el antiquísimo lenguaje de las flores experimenta la agonía de la extinción? ¿Es solamente la apatía ligada con la inexperiencia que en ocasiones hacen presa de los niños, o es la evidencia de que son ellos herederos de un fenómeno que ha ido ganando sitio dentro de la sociedad cubana?
De pronto me puse a hacer un ejercicio de la mente, y sinceramente no recuerdo cuando fue la última vez que una amiga mía haya sido seducida al más puro lenguaje de flores y olores.
Salvo las ocasiones en que por cuestión de trabajo, o en lugares que por una u otra razón han regalado los sobrevivientes soliflores, son contadísimas las veces que un ser llegado a mí, y lista en la que me incluyo, haya sido sorprendida/o con una pequeña nota amorosa escondida entre pétalos y cintas.
Los medios de comunicación tienen la función de refrendar, refutar o crear estados de opinión en la población. También tienen la capacidad de legitimar algunas verdades, amparados en el principio popular de que: “si sale por la televisión, tiene que ser verdad”.
De un tiempo a la fecha, muchos hemos confirmado lo que hacía algún tiempo sospechábamos: aspiramos los cubanos a ser un pueblo culto, pero no nos acercamos a ser el más educado.
En nuestras calles, en las casas, en centros de trabajo, se repite la frase “¿Grabaste?”, refiriéndonos a la campaña que actualmente transmite la Televisión Cubana con el objetivo de hacernos un llamado ante actitudes que a diario vemos y que sin embargo, se han enraizado tanto en nuestra sociedad que no vemos de que forma puede ser una falta de educación y hasta de respeto.
Ahora me viene a la mente la que se refiere a las personas que sin ningún tipo de consideración, arrojan envases plásticos y basura en nuestras calles, sin considerar que son ellos los primeros que se perjudican.
También me viene a la mente el que nos hace un llamado a aquellas personas que sin ningún tipo de conciencia sobre la realidad que afecta a nuestro país, como es la compra de combustibles, sobornan a los funcionarios de la empresa eléctrica.
Y de más reciente realización, es la dramatización que nos alerta sobre una situación que tan a diario vemos, que se hecho algo cotidiano, y me refiero a lo “normal” que es ver hombres, en su gran mayoría jóvenes, andando por las calles, transporte y centros estatales sin camisas o pulóveres.
Quizás pueda ser insignificante que un niño como mi sobrino, considere que sea bonito regalar una flor. Pero es solo el lado más noble de un problema más serio.
Algunos se escudriñan y esconden su falta de educación en los problemas económicos que afectan la isla. No es menos cierto que el transporte en nuestro país se vio gravemente afectado a partir del derrumbe del Campo Socialista, pero de ninguna manera puede servir de justificación a que algunas personas empujen y lleguen a golpear a otros a la hora de abordar un transporte, ni que se hagan los de la vista gorda y se nieguen a dar el asiento a personas mayores o mujeres embarazadas en los ómnibus.
Esos, no son manifestaciones de los problemas económicos, son carencias en el espíritu de los hombres.
Si bien es cierto que me parece muy buena la iniciativa de la Televisión Cubana, no menos lo es que la familia es la primera escuela del hombre. Es allí donde se aprende de ética ante la vida, cortesía y educación, buenos modales y principios. Es por allí por donde se debe empezar a formar en el hombre esas cualidades que nos diferencian de los animales y que nos permiten vivir en una sociedad sin anarquía.
Yo también soy partícipe de esa asignatura pendiente que es la formación de nuestros niños. A mis sobrinos pienso enseñarles que regalar un gladiolo, en el lenguaje de las flores es pedir una cita amorosa, que ayudar a los ancianos a cruzar la calle, es una forma de cuidar a nuestros adultos mayores, y que siempre que sea oportuno decir las cosas de la forma más bella posible, porque como dijera Picasso, el que no regala un elogio, se queda con algo que no le pertenece.